4.11.17

Se empieza a salvar el mundo salvando a los hombres de uno en uno. Todo lo demás o es romanticismo grandilocuente o es política.
Demasiado sensible de
Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones
Charles Bukowski

2.11.17

yo también quiero que se investigue

a políticxs, periodistas, élites de la cultura y otros poderes, a funcionarixs, vecinxs, trabajadorxs y en general a todas las buenas gentes...

que crean listas negras;
que fabrican enemigos para poder subsistir y agredir;
que amenazan, insultan y denigran;
que difunden, alientan y organizan el odio y el acoso en las redes y en la calle;
que trapichean con información confidencial, íntima y privada;
que jaquean tus aparatos electrónicos y los de familiares y amigos;
que escuchan y graban llamadas y conversaciones privadas y difunden los audios;
que te siguen por la calle;
que saben cada paso que das, con la complicidad de otros, las 24h del día;
que se sirven del secreto, la mentira y la violencia, o sea, del poder;
que filtran y hacen uso de los datos privados de cada uno, a favor o en contra de "afines" o "enemigos";
que utilizan a sus hijos, a niños y adolescentes, para perseguir y acosar;
que entran en tu casa;
que se cruzan contigo y te llaman puta;
que en la barra del bar te llaman gilipollas;
que en el autobús te dicen "voy a acabar contigo";
que van a donde vives a hacer ruido;
que te atosigan en conciertos, en el cine, en un banco del parque mientras lees, en el bus, dando un paseo con tu familia por el campo, en las tiendas..;
que cruzan coches delante tuyo, haciendo como que no te han visto, cuando llevas de la mano a un niño de 9 años;
que te cobran de más;
que te dan información falsa y no te facilitan los servicios de las empresas en las que trabajan;
que amenazan con un "no tienen donde esconderse";
que manipulan los servicios públicos para perjudicarte;
que, a pesar de la gravedad y del daño, consideran que solo es un experimento y un entretenimiento divertido.

Quiero que se investigue el acoso institucionalizado en parte de la sociedad. Son "manada". Nuevas formas de violación, maltrato, machismo, acoso, autoritarismo y violencia que utilizan el método de las toallas mojadas para golpear y no dejar marca.

Está pasando.

25.9.17

clases medias

El huracán político que está cambiando el mundo: la clase media 
Moisés Naím  |  [aquí]


1984 (novela de 1949)  |  George Orwell:

[...]

La nueva aristocracia estaba compuesta sobre todo por burócratas, científicos, técnicos, organizadores de sindicatos, expertos en publicidad, sociólogos, profesores, periodistas y políticos profesionales. Esta gente, cuyos orígenes estaban en la clase media asalariada y los escalones más altos de la clase obrera, había entrado en contacto y se había unido por la esterilidad del monopolio industrial y el gobierno centralizado. En comparación con las clases dirigentes de otras épocas, eran menos avariciosos y les tentaba menos el lujo y más el poder en estado puro y sobre todo, eran más conscientes de lo que estaban haciendo y más implacables a la hora de aplastar a la oposición. Esta última diferencia era crucial. Comparadas con las que hoy existen, todas las tiranías del pasado eran blandas e ineficaces. Los grupos gobernantes siempre estaban contaminados hasta cierto punto por ideas liberales, no les preocupaba dejar cabos sueltos ni lo que pudieran pensar sus súbditos. Incluso la Iglesia católica en la Edad Media era tolerante según los patrones modernos. En parte se debía a que en el pasado ningún gobierno tuvo la posibilidad de mantener a sus ciudadanos bajo vigilancia constante. La invención de la imprenta, no obstante, facilitó la manipulación de la opinión pública, y el cine y la radio acentuaron ese proceso. Con el desarrollo de la televisión y de los avances técnicos que hicieron posible transmitir y recibir por el mismo aparato, la vida privada llegó a su fin. La policía pudo observar veinticuatro horas al día a todos los ciudadanos, al menos a los que valía la pena vigilar, y someterlos al sonido de la propaganda oficial, al tiempo que se cerraban todos los demás canales de comunicación. Por primera vez, fue posible imponer no solo una completa obediencia a la voluntad del Estado, sino una absoluta uniformidad de opinión a todos los súbditos.

[...]


12.4.17

¿quiénes somos nosotros?



El sujeto y el poder
Michel Foucault

minuto 7:18

[...]

Sería conveniente no tomar como un todo la racionalización de la sociedad o de la cultura, sino analizar tales procesos en diversos campos, cada uno en referencia a una experiencia fundamental: locura, enfermedad, muerte, crimen, sexualidad y así sucesivamente.
Creo que la palabra racionalización es peligrosa; lo que debemos hacer es analizar racionalidades específicas, más que invocar constantemente al Progreso y a la racionalización en general.
Más allá de que la Aufklärung (Ilustración) haya sido una etapa importante de nuestra historia y del desarrollo de la tecnología política, creo que deberíamos referirnos a una serie de procesos más alejados si deseamos entender cómo hemos sido atrapados en nuestra propia historia.

Me gustaría sugerir otra vía para ir más lejos hacia una nueva economía de las relaciones de poder, una vía más empírica, más directamente relacionada con nuestra situación actual, la cual implica una mayor relación entre la teoría y la práctica. Esta consiste en tomar como punto de partida, a las formas de resistencia contra las diferentes formas de poder. Para usar otra metáfora, consiste en usar la resistencia como un catalizador químico, de forma de traer a luz las relaciones de poder, ubicar su posición, encontrar sus puntos de aplicaciones y los métodos usados. Más que analizar el poder desde el punto de vista de su racionalidad interna, consiste en analizar relaciones de poder a través del antagonismo de estrategias.
Por ejemplo, para encontrar lo que nuestra sociedad entiende por sanidad, tal vez deberíamos investigar lo que está aconteciendo en el campo de la insanidad.
Y lo que entendemos por legalidad en el campo de la ilegalidad.
Con el propósito de entender de qué tratan las relaciones de poder, tal vez deberíamos investigar las formas de resistencia y los intentos hechos para disociar estas relaciones.
Como punto de partida, tomemos una serie de oposiciones que se han desarrollado en los últimos años: la oposición del poder del hombre sobre la mujer, la de los padres sobre los niños, la de la psiquiatría sobre la enfermedad mental, la de la medicina sobre la población, la de la administración sobre la forma de vivir de la gente.
Sin embargo, no es suficiente con decir que estas son luchas antiautoritarias, debemos tratar de definir más precisamente qué tienen ellas en común.

1. Son «transversales»; esto es, no están limitadas a un país. Es evidente que se desarrollan más fácilmente y más extensamente en determinados países, pero no por esta razón, están confinadas a una forma política o económica particular de gobierno.

2. El objetivo de estas luchas son los efectos del poder en sí. Por ejemplo, la profesión médica no es en primera instancia criticada por su provecho económico, sino porque ejerce un poder no controlado sobre los cuerpos de la gente, su salud, su vida y su muerte.

3. Son luchas «inmediatas» por dos razones. En tales luchas la gente cuestiona las instancias de poder que están más cercanas a ellas, aquellas que ejercen su acción sobre los individuos. Estas luchas, no se refieren al «enemigo principal» sino al enemigo inmediato, como tampoco esperan solucionar los problemas en un futuro preciso (esto es liberaciones, revoluciones, fin de la lucha de clases). En contraste con una escala teorética de explicaciones o un orden revolucionario que polariza la historia, ellas son luchas anarquistas.

Pero estos no son los puntos más originales, en cambio los puntos siguientes parecen ser los más específicos.

4. Son luchas que cuestionan el estatus del individuo: por un lado, afirman el derecho a ser diferentes y subrayan todo lo que hace a los individuos verdaderamente individuos. Por otro lado, atacan lo que separa a los individuos entre ellos, lo que rompe los lazos con otros, lo que rompe con la vida comunitaria, y fuerza al individuo a volver a sí mismo y lo ata a su propia identidad de forma constrictiva.
Estas luchas no están a favor o en contra del «individuo», pero sí son luchas en contra de «el gobierno de la individualización».

5. Estas luchas, —en oposición a los efectos del poder ligados al conocimiento, a la competencia, la calificación— luchan contra los privilegios del conocimiento. Pero son también una oposición contra el secreto, la deformación y las representaciones mistificadas impuestas a la gente. No hay nada «cientista» en esto, (esto es, una creencia dogmática en el valor del conocimiento científico), pero tampoco es un rechazo escéptico, relativista, de cualquier verdad verificada. Lo que se cuestiona es el modo en que el conocimiento circula y funciona, sus relaciones con el poder. En otras palabras, el régime du savoir (régimen de saber).

6. Finalmente todas estas luchas giran en torno a la pregunta: «¿Quiénes somos nosotros?». Son un rechazo a las abstracciones de la violencia económica e ideológica, que ignoran quiénes somos individualmente como también son un rechazo a la inquisición científica y administrativa que determina quién es uno.

Para concluir, el objetivo principal de estas luchas no es atacar tanto a tal o cual institución de poder, grupo, élite, clase, sino más bien a una técnica, a una forma de poder.

[...]

minuto 23:43

A fines del siglo XVIII Kant escribía en un periódico alemán —el Berliner Monatschrift— un texto breve. El título fue Was heisst Aufklärung?. Durante mucho tiempo, incluso hoy, este texto es considerado un trabajo de relativa poca importancia. Yo no puedo dejar de encontrar a este texto interesante y desestructurante, porque en este trabajo por primera vez un filósofo propone como tarea filosófica a investigar, no sólo al sistema metafísico o a los pilares del conocimiento científico, sino a un evento histórico, un evento reciente, incluso contemporáneo.
Cuando en 1784, Kant preguntaba Was heisst Aufklärung?, se estaba refiriendo a: ¿Qué está ocurriendo en este preciso momento?, ¿Qué nos está sucediendo? ¿Cuál es el mundo, el período, este preciso momento en el que estamos viviendo?
O en otras palabras: ¿Qué somos? ¿como Aufklärer, como parte del Iluminismo (Enlightment)?. Compararía esto con la pregunta cartesiana: ¿Quién soy? ¿Yo, como único pero universal y ahistórico sujeto? Yo, para Descartes ¿es cada uno de nosotros, en cualquier sitio y en cualquier momento?
Pero Kant pregunta algo más: ¿Qué somos nosotros? en un momento muy preciso de la historia. La pregunta kantiana aparece como un análisis en dos sentidos, del nosotros y de nuestro presente.
Creo que este aspecto de la filosofía fue tomando cada vez más importancia. Hegel, Nietzsche... El otro aspecto de la «filosofía universal» no desapareció, pero la tarea de una filosofía como análisis crítico de nuestro mundo es algo cada vez más importante. Es probable, que el más certero problema filosófico sea el problema del presente y lo que nosotros somos, en este preciso momento.
Es probable que hoy en día el objetivo más importante no sea descubrir qué somos sino rehusarnos a lo que somos. Debemos imaginarnos y construir lo que podríamos ser para librarnos de
este tipo de doble vínculo político (double bind), que es la simultánea individualización y totalización de las modernas estructuras de poder.
La conclusión podría ser que el problema político, ético, social y filosófico de nuestros días no es tratar de liberar al individuo del Estado y de las instituciones del Estado sino liberarnos de ambas,
del Estado y del tipo de individualización que está ligada a éste. Debemos promover nuevas formas de subjetividad a través del rechazo de este tipo de individualidad que nos ha sido impuesta
durante siglos.

[...]

16.3.17

fantasía

[...]
Toda formulación lógico-intelectual —por perfecta que sea— borra la vivacidad y la inmediatez de la impresión objetiva. Y ha de hacerlo cabalmente así para poder llegar a la formulación. Mas con ello se pierde precisamente lo que la disposición extravertida considera lo más esencial, a saber: la relación con el objeto real. No hay, por lo tanto, la menor posibilidad de llegar, por la vía de una o de otra disposición, a una fórmula unificante de algún modo satisfactoria. Y sin embargo, no puede el hombre —aunque su espíritu pudiera— mantenerse en esta disensión, pues esta disensión no es mero asunto de una filosofía remota, sino que constituye el problema, cotidianamente reiterado, de la relación del hombre consigo mismo y con el mundo. Y precisamente porque en el fondo se trata de este problema, no puede ser resuelta la disensión por la discusión de argumentos nominalistas y realistas. La solución requiere un tercer punto de vista conciliador. Al «esse in intellectu» le falta la realidad palpable, al «esse in re» le falta el espíritu. Ahora bien, idea y cosa se encuentran y contrapesan en la psique del hombre. ¿Qué es, al cabo, la idea, si la psique no le facilita un valor vital? ¿Qué es la cosa objetiva si la psique le priva de la fuerza condicional de la impresión sensible? ¿Y qué es la realidad, si no es una realidad en nosotros, un «esse in anima»? La realidad vital no está dada exclusivamente ni por el comportamiento efectivo, objetivo, de las cosas, ni por la fórmula ideal, sino que sólo está dada por la síntesis de ambas cosas en el proceso psicológico vivo, esto es, por el «esse in anima». Sólo por la actividad vital específica de la psique alcanza la percepción sensorial aquella profundidad de impresión y alcanza la idea aquella fuerza efectiva que son componente ineludibles de una realidad viva. Esta actividad autónoma de la psique, que no cabe explicar ni como una reacción refleja al estímulo sensorial ni como un órgano ejecutivo propio de las ideas eternas, es, como todo proceso vital, un continuo acto creativo. La psique crea cada día la realidad. Y yo no puedo designar esa actividad con otro nombre que el de fantasía. La fantasía es tanto pensamiento como sentimiento, es tanto intuición como sensación. No hay función con las demás funciones psíquicas. La fantasía aparece unas veces como algo primordial y otras veces aparece como un producto último y audacísimo de la síntesis de todas las facultades. Por ello a mí la fantasía se me aparece como la expresión más clara de la actividad psíquica específica. La fantasía es, ante todo, la actividad creativa de la que brotan las respuestas a todas las preguntas que pueden contestarse, es la madre de todas las posibilidades, y en ella se encuentran vitalmente unidos también el mundo interno y el mundo externo, así como todos los opuestos psicológicos. La fantasía siempre ha sido y es la que tiende el puente entre las inconciliables exigencias del objeto y del sujeto, de la extroversión y la introversión. Sólo en la fantasía se encuentran unidos ambos mecanismos. Pero la fantasía es tabú en el reino de la ciencia, lo mismo que el sentimiento. Ahora bien, si reconocemos el carácter psicológico del contraste fundamental, la psicología se verá en el trance de reconocer, no sólo el punto de vista del sentimiento, sino el punto de vista intermediario de la fantasía. Pero aquí surge la gran dificultad: la fantasía, en su mayor parte, es un producto de lo inconsciente. Contiene, indudablemente, parte de conciencia, pero es característico de la fantasía el que sea esencialmente involuntaria y que aparezca como algo extraño al contenido consciente. Tiene de común con el sueño estas cualidades, aunque el sueño sea, ciertamente, en mucho mayor medida, involuntario y extraño. La relación entre el hombre y su fantasía está en gran medida condicionada por la índole de su relación con lo inconsciente en general. Y esta relación está, a su vez, especialmente condicionada por el espíritu de la época. Según el grado de predominio del racionalismo, se inclinará el individuo más o menos a admitir lo inconsciente y sus productos. La esfera cristiana, como toda rotunda forma religiosa, acusa la tendencia indudable a reprimir en la mayor medida posible lo inconsciente en el individuo y a paralizar, con ello, su fantasía.
[...]
Esta represión consistió, psicológicamente hablando, en una sustracción de libido, de energía psíquica. La libido así lograda sirvió para la construcción y desarrollo de la disposición consciente, con lo que, de modo gradual, fue adquiriendo forma una nueva concepción del mundo. Las ventajas indudables así conseguidas vinieron a afirmar, naturalmente, esta disposición. No es, pues, milagro que nuestra psicología se caracterice por una actitud en la que se advierte, de preferente modo, la repulsa de lo inconsciente.
No sólo es comprensible, sino de todo punto necesario, que las ciencias excluyan tanto el punto de vista del sentimiento como el de la fantasía. ¿Qué ha de hacer la psicología? En cuanto se considere a sí misma como ciencia debe hacer lo mismo. Ahora bien, ¿responde así a su asunto justamente? Toda ciencia procura, por modo exclusivo, formular y expresar su asunto en abstracciones: podría, pues —y puede—, la psicología aprehender los procesos del sentir y del percibir o el proceso de la fantasía, en abstracciones intelectuales. Así se aseguraría, ciertamente, el derecho del punto de vista abstracto-intelectual, pero no el de los demás posibles puntos de vista psicológicos. Los demás puntos de vista posibles sólo pueden, en una psicología científica, ser enunciados, mas no hacer acto de presencia como principios independientes de una ciencia. Siempre y en toda circunstancia, la ciencia es asunto del intelecto y las demás funciones psicológicas le son sometidas como objetos. El intelecto es el soberano en el campo intelectual. Cosa distinta ocurre cuando se trata de la aplicación práctica de la ciencia. El intelecto, que antes era soberano, queda aquí convertido en un simple instrumento auxiliador, un instrumento científico afinado, es verdad, pero siempre un mero utensilio que ya no es en sí mismo fin, sino pura condición. El intelecto, y con él la ciencia, están aquí al servicio de la fuerza y el designio creadores. Y eso puede decirse que es aun «psicología», pero no es ciencia ya. Es psicología en el más lato sentido de la palabra, actividad psicológica de naturaleza creadora, en la que la fantasía creadora se atribuye la primacía. Lo mismo podría decirse, en vez de hablar de fantasía creadora, que en semejante psicología práctica corresponde a la vida el papel principal. Pues, por una parte, es ya, ciertamente, la fantasía creadora la que se sirve de la ciencia como de un instrumento, mas, por otra, son los múltiples requerimientos de la realidad exterior los que estimulan la actividad de la fantasía creadora. La ciencia como fin en sí misma es, ciertamente, un alto ideal, pero su consecuente realización da lugar a tantas finalidades propias como ciencias y artes hay. Esto conduce, ciertamente, a una alta diferenciación y especialización de las funciones de que en cada caso se trate, pero con ello, a un alejamiento del mundo y de la vida y además a una acumulación de zonas especiales que acaban por perder toda íntima conexión. Con ello no solo se inicia un empobrecimiento y una desolación de las distintas zonas de especialidad sino en la psique misma del hombre, al elevarse o rebajarse en su diferenciación de especialistas. Ahora bien, la ciencia ha de evidenciar su valor vital demostrando que no sólo puede ser señora, sino que puede ser sierva también. En modo alguno se deshonra por ello. Si, ciertamente, la ciencia nos ha llevado al conocimiento de las desigualdades y perturbaciones de la psique, mereciéndonos por ello el intelecto, que en ella tiene su sede, la más alta estimación, constituye, sin embargo, un grave error inventarle por ello una finalidad propia que la incapacita para ser mero instrumento. Mas si con el intelecto y su ciencia ingresamos en la vida real, nos damos enseguida cuenta de que nos encontramos dentro de una limitación que constituye una valla para otras zonas vitales de idéntica realidad. Nos vemos así obligados a concebir la universalidad de nuestro ideal como una limitación y a lanzarnos a la búsqueda de un espíritu rector que en vista de los requerimientos de la vida plena nos ofrezca una mayor garantía de universalidad psicológica de lo que puede hacerlo el intelecto solo.
Cuando Fausto exclama: «el sentimiento lo es todo», expresa lo contrario que el intelecto y con ello se adueña de un aspecto distinto, pero no de la totalidad de la vida, y con ella de la propia psique, que reúne sentir y pensar en una tercera cosa superior. Esta tercera cosa superior puede ser entendida, como he indicado ya, tanto en el sentido de una finalidad práctica como en el sentido de la finalidad de la fantasía creadora. Este fin de la totalidad no puede ser reconocido, ni por la ciencia, que es fin en sí misma, ni por el sentir, que carece de la fuerza de visión del pensar. Lo uno ha de tomar a préstamo lo otro como instrumento, pero su contraste es de tal magnitud, que necesitamos un puente. Este puente nos es dado en la fantasía creadora. No es ninguna de las dos cosas pues es madre de ambas; más aun, es el fin que une a los contrarios.
[...] 
Tipos psicólogicos, Carl Gustav Jung




minuto 10:07

Cuando observas el mundo ves personas, ves casas, ves el cielo, ves objetos tangibles, pero cuando observas tu interior ves imágenes móviles. Un mundo de imágenes conocidas en general como fantasías. Sin embargo, estas fantasías son hechos. Es un hecho que un hombre tenga tal y tal fantasía; y es un hecho tan tangible que cuando un hombre tiene cierta fantasía, otro hombre puede perder su vida, o un puente ser construido. Estas casas eran todas fantasías. Todo lo que ve aquí, los aparatos, empezaron como fantasías. Y la fantasía tiene su propia realidad. No debemos olvidarlo, la fantasía no es igual a nada. Por supuesto no es un objeto tangible, pero no deja de ser un hecho. Es una forma de energía aunque no podamos medirla. Es la manifestación de algo. Y eso es una realidad. Es tan real como, por ejemplo, el tratado de paz de Versalles, o algo así. Ya no existe, no puedes mostrarlo, pero ha sido un hecho.
Por eso, los elementos psíquicos son hechos, son realidades. Y cuando observas el fluir de imágenes interiores, ves un aspecto del mundo... del mundo interior. El hombre que actúa según el mundo exterior, según las influencias externas, es decir, la sociedad o percepciones sensoriales, cree que es más válido, porque esto es válido, es real. Y el hombre que se ajusta al factor subjetivo no es válido porque el factor subjetivo no existe. No, ese hombre tiene una base igual de buena, porque se basa a sí mismo en el mundo interior. Así que tiene mucha razón, aun si dice: «No es más que mi fantasía». Ese es el introvertido. El introvertido siempre teme al mundo exterior. Si se le pregunta, tratará de disculparse por ello. Dirá: «Por supuesto, ya sé, son mis fantasías». Y siempre hay un resentimiento. Y como el mundo en general y en especial EEUU, es muy extrovertido, no habrá lugar para el introvertido. Porque no sabe que él mira el mundo desde el interior y eso le da dignidad y le da certeza, porque en la actualidad sobre todo, el mundo pende de un hilo delgado, que es la psiquis del hombre.
Suponga que unos tipos en Moscú pierden el juicio o su sentido común por un rato y todo el mundo es fuego y llamas. Hoy en día no nos amenazan las catástrofes naturales, no existen bombas H en la naturaleza, eso es obra del hombre. Somos el mayor peligro. La psiquis es el mayor peligro. ¿Qué pasa si algo malo sucede en la psiquis? Lo vemos demostrado actualmente. Qué grande es el poder de la psiquis humana. Qué importante es saber algo sobre ella. Pero nada sabemos de ella.

10.3.17

callaron todos

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«Callaron todos, tirios y troyanos»

y los que no callaron, mintieron. Ayer, hoy, mañana y siempre.